Jueves, 09 Marzo 2023 10:23

Virgen de los Pobres (Banneux, Bélgica, 1933)

Escrito por Carlos Ruiz Saiz
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Esta sencilla aparición hace gala al nombre con que Nuestra Señora se llama a sí misma: “Virgen de los pobres”. Prácticamente olvidada, sin embargo, es de gran importancia histórica. Sucede unos pocos días después de la última que comentamos, en Beuaring, también en Bélgica. Nuestra Señora, como en tantas otras ocasiones, intenta evitar, por medio de la oración del pueblo de Dios, la obra de Satanás: en este caso el triunfo del nazismo, cuyas consecuencias conocemos.b802fd84b4f46872687eb115810fc092.jpg


APROBACIÓN ECLESIÁSTICA

En 1949 el Obispo de Lieja (Bélgica) reconoció oficialmente todas las apariciones de Banneux junto con las de Beauraing. San Juan Pablo II fue a Banneaux, donde celebró Misa el 21 de Mayo de 1985.

HISTORIA Y MENSAJES

Mariette Beco, una niña de 11 años de edad, nació y creció en una familia de católicos no practicantes; su padre era un obrero sin trabajo influenciado por el ambiente de la época, y su madre también era indiferente a la religión. A Mariette se le consideraba una niña normal en todos los sentidos. No era muy devota antes de su experiencia con la Virgen. Influenciada por el ambiente de su casa, hasta había abandonado las catequesis de su primera comunión. Sin embargo, tenía en la cabecera de su cama una imagen de la Virgen, guardaba un rosario que había encontrado, y de vez en cuando rezaba con él antes de dormir.

Primera Aparición: Domingo, 15 de enero de 1933

El invierno de 1933 fue extremadamente difícil. Una noche Mariette está mirando por la ventana esperando que llegase su hermano cuando percibe, a pocos metros de ella, en el huertecito, una señora luminosa. Ella relata:

"Vi una luz y una hermosa Señora que tenía la cabeza muy iluminada, como si la luz irradiara de su propio cuerpo. Tuve miedo”. No podía comprender la escena que tenía ante sus ojos: "Me pregunté: ¿Que es eso? Miré con atención, moviendo la cabeza de derecha a izquierda, arriba y abajo; pensé: quizás es el reflejo de la lámpara. Entonces la puse al otro lado de la mesa".  Ya no quedaba duda. En el jardín había una hermosa dama.  "Entonces tuve miedo y llamé: ¡Mamá! ¡Dios mío! ¡Mamá! Veo una dama en el huertecito, va muy bien vestida, muy elegante". Su madre, molesta, le dice:  -"Déjame tranquila; son estupideces". 

Mariette se restriega los ojos y con mucha atención observa a la hermosa dama de los pies a la cabeza. La Señora está un poco inclinada, con las manos juntas y una gran aureola de luz la rodea. Lleva un vestido blanco y cinto azul. -"¡Dios mío!, ¡Mamá! Parece que es la Santísima Virgen". Su mamá respondió cínicamente: "Claro, tal vez es la Santísima Virgen". La señora Beco, sin embargo, queda extrañada. Sabe que su hija no habla de esas cosas. Hace tres meses que no ha puesto un pie en la Iglesia. ¿Tendrá fiebre?

La niña insistió que su mamá fuera a la ventana para que viera por sí misma. Después de mucha insistencia, pero sintiéndose como una tonta, fue hacia la ventana, levanta la cortina y mira hacia afuera. Vio algo, como una silueta luminosa, pero no pudo distinguir ninguna figura. Atemorizada, se aparta de la ventana y dice a su hija: "Es una bruja".  Pero la niña responde: "¡Mamá, te digo que es la Virgen... me sonríe! ¡Qué bonita es!" Mariette notó que la Señora tenía un rosario colgando de la banda azul. La cruz era del mismo color oro que la rosa sobre sus dedos. Entonces fue y buscó el rosario que se había encontrado en la carretera de Tancremont y comenzó a rezarlo mientras contemplaba la aparición maravillada.  Los labios de la Señora se movían, pero ella no decía nada que Mariette pudiera oír. La niña quedó cautivada de corazón por la dulce sonrisa de la Virgen. Después de unas pocas decenas, la Señora levantó su mano derecha y le hizo señas a Mariette con el dedo para que saliera afuera. La joven le dijo a su mamá lo que la Señora quería, y le pidió permiso para ir afuera.

La madre, creyendo que era una hechicería, se opone y cierra la puerta con llave. Mariette entonces vuelve a la ventana pero la Virgen ha desaparecido. La niña se queda allí rezando un rato más.  Ella no podía sacarse la visión de su mente. Seguía volviendo a la ventana para ver si la hermosa Señora había regresado, pero no regresó. Pronto, su hermano Julien llegó a la casa. Ella le dijo lo que había sucedido mientras lo estaba esperando. Su reacción fue igual a la de su mamá, solo que aún más brusca. Así, rechazada y sola ante su encuentro con la Virgen, Mariette se fue a dormir. 

La mañana siguiente Mariette contó todo a su padre. Su respuesta inicial fue la misma que la de su mujer, pero sabía que su hija no era dada a la mentira ni había sido nunca fantasiosa. Así que esa tarde trató de volver a crear las condiciones de la noche anterior, para encontrarle una explicación lógica a lo que su hija declaraba ver, pero nada dio resultado. Ese mismo día, el lunes, 16 de enero, Mariette fue a la escuela. Se lo contó a una amiga suya que al principio no la creyó, pero luego le dijo: "Habría que decírselo al sacerdote". Se lo dicen al sacerdote, pero no lo tomó en cuenta.

El lunes y el martes la Señora no volvió. Sin embargo, la única visita había tenido ya un profundo efecto en la espiritualidad de Mariette. Regresó a sus clases de catecismo el miércoles, recibiendo el material con un entusiasmo renovado. Se aprendió su lección perfectamente. Eso asombró al sacerdote, el padre Jamin, porque Mariette siempre había sido la peor estudiante de la clase. Después de clase, el sacerdote le preguntó por qué se había ido el lunes sin haberle dicho lo que ella había visto. Para este tiempo, la niña había tenido tiempo de reflexionar y ya no tenía miedo. Le habló muy calmada, diciéndole exactamente lo que había visto. El Padre Jamin, por su parte, no despreció lo que ella declaraba. Sólo le dijo que le rogara a Nuestra Señora que la guiara y, sin querer darle importancia al asunto, le pregunta sobre su experiencia mientras cuidadosamente lo anota todo. La niña es perfectamente coherente. No hay contradicciones en su testimonio. Esa misma semana dicho sacerdote transmite un informe completo a su obispo.

Segunda Aparición: Miércoles, 18 de enero de 1933

"Esta fuente me está reservada"

Tres días después de la primera aparición hacía un gran frío, era el miércoles 18 de enero. Por la noche, hacia las siete, Mariette, dominando su acostumbrado miedo a la oscuridad, sale de casa. Se arrodilla en el sendero que de la casa va hasta la barrera del huerto. Su padre la mira desde adentro. Reza bajito, levantando del suelo un poquito la vista mirando hacia el mismo lugar en donde, el domingo anterior, se presentó la dama luminosa. De pronto extiende los brazos. La Virgen aparece por encima del bosque, pequeñita, en lo lejos del cielo. Se acerca creciendo poco a poco, pasando por entre los pinos. Una especie de pequeña nube gris la separa del suelo. Un brillo deslumbrador emanaba de ella. Mariette podía sentir el ardor desde donde estaba arrodillada. Mariette reza, bajito, el rosario entre las manos, la mirada hacia lo alto. Contempla a la Dama sonriente que suavemente mueve los labios en una actitud de plegaria. Esta plegaria silenciosa se prolonga unos 20 minutos. El padre salió afuera, y trató de hablarle a la niña, pero ella no parecía oírle. Cuando ella abrió sus brazos, el padre se dio cuenta de que ella estaba teniendo otra aparición. Se montó en su bicicleta y fue al pueblo a buscar al sacerdote. No pudo encontrarlo, y le pidió a un conocido católico practicante que lo acompañara a su casa. Según ellos se acercaban, vieron a Mariette alejándose de la casa, como si estuviera siendo guiada hacia un lugar en particular. “¿A dónde vas?", le gritó su padre. "Ella me está llamando", contestó la niña, sin detenerse.

De pronto se para, se arrodilla, se queda un momento así, recitando «ave marías», se levanta y continúa su camino. Un poco más lejos vuelve a arrodillarse. Vuelve a levantarse obedeciendo al gesto de llamada de la Virgen. Bruscamente tuerce en ángulo recto hacia un manantial que va hacia abajo de un declive de la carretera. Se arrodilla en la cuneta mientras que la Virgen le dice: 

"Posa tus manos en el agua".

Sin vacilar la niña obedece, el rosario se le escurre de las manos que ha separado e inconscientemente bañado. La Virgen dice aún: 

"Esta fuente me está reservada".

Se despide diciéndole: "Hasta pronto, buenas noches". Después se eleva por encima de los pinos cercanos del manantial, mirando la niña. A medida que se aleja parece más pequeña. Cuando el Padre Jamin regresó a la rectoría, se le avisó de la excitada llamada del Señor Beco. El sabía de qué se trataba, y después de buscar la ayuda de otro sacerdote y de un amigo, fue a la casa de Beco. Ya para cuando él llegó allí, Mariette ya estaba acostada durmiendo, por lo que habló con el padre que le explicó todo lo que había sucedido en el transcurso de casi una hora que la Señora había estado con la niña. Al final de la entrevista, el sacerdote le preguntó al padre de Mariette si él creía la declaración de la niña sobre lo que ella había visto. Su respuesta fue "Sí, yo lo creo, y para mostrarle a usted cuan profundamente yo lo creo, mañana yo voy a ir a la Iglesia para confesarme. Me gustaría recibir la Comunión de nuevo. Esta será la primera vez que recibiré desde mi Primera Comunión cuando niño".

Tercera Aparición: Jueves, 19 de enero de 1933

"Soy la Virgen de los Pobres".
"Esta fuente está reservada para todas las Naciones, para aliviar a los enfermos. Rezaré por ti"

A las siete de la tarde del jueves 19 de enero, cubierta la cabeza con un viejo abrigo para mejor resguardarse del frío, Mariette sale de casa acompañada de su padre. Después de algunos pasos, se arrodilla sobre la tierra nevada y reza. De pronto extiende los brazos y grita: "Oh, ella está aquí". Un momento de silencio, luego pregunta: 

"¿Quién es Ud. mi bella Dama?" 

La Dama contesta: 

"Yo soy la Virgen de los Pobres"

Entonces la Virgen conduce a la niña al manantial. Mariette anda despacio, se arrodilla en los lugares donde se paró la víspera. Junto al manantial se arrodilla con la mirada fija hacia lo alto del declive en donde se encuentra la Virgen. Mariette vuelve a preguntar: 

"Bella Dama, ayer Ud. dijo: este manantial me está reservado, es para mí. ¿Por qué para mí?"

Señalándose, la Virgen pone las manos en el pecho, su sonrisa se acentúa y le contesta:

“Esta fuente está reservada para todas las naciones, para aliviar a los enfermos".

Mariette repite las palabras con voz clara y nítida y añade: "Gracias, gracias". La Virgen dice despacito: “Pediré por ti, hasta pronto». La Virgen se aleja como la víspera, empequeñeciéndose, por encima de los pinos.

Cuarta Aparición: Viernes, 20 de enero de 1933

"Deseo una pequeña capilla"

Mariette se siente un poco mal. Esto no le impide salir a las siete de la tarde. Arrodillada en el huerto, reza el rosario. A los dos minutos grita: "Hela aquí". Después ella pide con voz clara: 

"¿Qué desea Ud. bella Dama?" 

La Virgen contesta: 

"Desearía una capillita"

Luego, abriendo las manos, las extiende sin separarlas de su pecho. Con la mano derecha hace la señal de la cruz para bendecirla y desaparece. En este instante Mariette se desmaya. Ayudado por un vecino, el padre asustado la lleva a casa. Ella vuelve en sí enseguida y se duerme tranquilamente.

Del 21 de enero al 11 de febrero todas las tardes a las siete Mariette va a rezar en su lugar acostumbrado. A menudo el frío es intenso pero Mariette continúa rezando. En estos días, solamente ella cree verdaderamente en la Virgen de los Pobres a quien quiere volver a ver cueste lo que cueste. La volverá a ver.

Quinta Aparición: Sábado, 11 de febrero de 1933

"Vengo a aliviar el dolor"

Mariette está arrodillada en el huerto. Algunas personas están presentes. Al final del segundo rosario Mariette se levanta de repente, se dirige hacia al borde del huerto y va hacia el manantial, se arrodilla en los mismos lugares como anteriormente. Una vez llegada al manantial se arrodilla, se inclina, pone la mano en el agua, se persigna con el rosario. De nuevo la Virgen se le aparece y le confía: 

"Vengo a aliviar el dolor” 

Luego, se despide y se aleja como de costumbre.

Sexta Aparición: Miércoles, 15 de febrero de 1933

"Creed en Mí, yo creeré en vosotros. Rezad mucho"

La niña le dice: "Santa Virgen, el capellán me ha encargado de pediros una señal". La Virgen contesta: 

"Creed en mí, yo creeré en vosotros". 

Luego confía un secreto a la niña. En el momento de desaparecer añade: 

"Rezad mucho, hasta pronto".

Séptima Aparición: Lunes, 20 de febrero de 1933

"Hijita, reza mucho"

Hay nieve, hace mucho frío. Al final del segundo rosario Mariette extiende los brazos bruscamente y su plegaria se hace más rápida. La bella Dama ha bajado como de costumbre y se lleva consigo a la niña hacia el manantial. Mariette se arrodilla en los sitios acostumbrados y reza cada vez que se para. En el manantial la Virgen, sonriente como siempre, le dice: 

"Querida niña, reza mucho".

Después, dejando de sonreír añade antes de marchase y con voz grave: 

"Hasta pronto".

Octava Aparición: Jueves, 2 de marzo de 1933

"Soy la Madre del Salvador, Madre de Dios. Rezad mucho"

Llueve torrencialmente. A principios del primer rosario, de pronto para de llover, el cielo se aclara, las estrellas brillan. De repente, Mariette se calla, extendiendo los brazos. La Virgen aparece por la octava y última vez. La Virgen lucía más hermosa y más sublime que nunca antes en sus visitas. Pero no sonrió. Su rostro estaba muy serio. Le dijo a la niña:

 “Yo soy la Madre del Salvador, Madre de Dios. Rezad mucho, adiós”.

Con eso, Ella puso las manos sobre Mariette, la bendijo con la señal de la cruz y se fue. Según se iba, las nubes cubrieron el cielo otra vez, y la lluvia volvió a caer implacablemente. Mariette no se daba cuenta de la lluvia que golpeaba su cara y su cuerpo. Se desplomó en la tierra, llorando convulsivamente, repitiendo “Santa María...” mientras lloraba.

Frutos, conversiones y milagros

Después de la primera visita, la niña se convirtió. Su padre que había sido la fuerza dominante de apatía y rebelión contra la Iglesia, experimentó un cambio al momento. El sacerdote, Padre Jamin, se mantuvo reservado por algún tiempo, antes de que públicamente admitiera su creencia en la aparición. Casi inmediatamente, ocurrieron sanaciones milagrosas. El gran número de milagros que ocurrieron fue tan abrumador, que tomó por sorpresa a la Iglesia local. 

La pequeña capilla que la Virgen había pedido fue construida, congregando a peregrinos de todas las naciones. En unos pocos años, con la invasión nazi y la Gran Guerra la necesidad de este lugar de esperanza se hizo más patente al pueblo de Bélgica y a toda Europa. 

COMENTARIO

Sólo unos días después de la última aparición –el 5 de marzo de 1933- Hitler se hacía con el poder en Alemania; de ahí el rostro serio, el tono grave de Nuestra Señora: “Rezad, rezad mucho”. El llamamiento de Nuestra Señora es una y otra vez el mismo: la oración, la conversión. Es el método de la Virgen para parar el mal. Pero sólo los pequeños pueden comprenderlo. 

No creo que sea una casualidad la mención que hace Nuestra Señora a “las naciones”, siendo aquel un pueblo tan pequeño y aislado, porque precisamente Bélgica se convertiría, después de la guerra, en la sede de las Naciones Unidas. 

Finalmente la perspectiva de Nuestra Señora es la sanación. La física, a través del manantial, como en Lourdes, pero sobretodo la espiritual. Y la primera que lo experimenta es la misma vidente e inmediatamente su padre, afectado por lo que María llamó en Fátima “los errores de Rusia”. La sanación espiritual de su padre viene vinculada a la confesión y comunión como pediría María en Pontevedra. No por casualidad se señala el corazón. 

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